Edición 78

POT

 

  • La definición del futuro ordenamiento territorial de Bogotá está en un momento crucial. Después de tres años de trabajo en la formulación del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT), es importante que los diferentes actores entiendan que se trata de un instrumento indispensable para el desarrollo sostenible de la ciudad, y que es momento de dar el paso a una herramienta que ayuda a enfrentar los desafíos actuales y futuros.

 

El Concejo de Bogotá tiene en sus manos, tal vez la decisión más importante para el futuro de Bogotá. En un par de meses, este organismo deberá darle rumbo al ordenamiento de la ciudad, y esperamos que les den la oportunidad a los bogotanos de contar con un instrumento de planeación actualizado y que responda a las realidades y necesidades presentes, las que sin duda son muy distintas a las de hace dos décadas.

 

Y es que hace veinte años, tiempo en el que se aprobó el POT vigente, las dinámicas sociales, culturares y ambientales eran sustancialmente diferentes, y la ciudad requiere hoy de instrumentos que reconozcan los cambios en las actividades de las personas, sus intereses y las nuevas maneras de relacionarse social, espacialmente y con el medio ambiente. Instrumentos que permitan soluciones más prácticas, reales y sostenibles. Esa debe ser la apuesta de un nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, y es lo que Camacol Bogotá y Cundinamarca ha identificado en el ejercicio de participación ciudadana que ha hecho en la formulación del proyecto de POT que hoy está en manos del Concejo.

 

Hemos reiterado, además, que la ciudad requiere un POT que sea claro y comprensible tanto en lo técnico como de cara a los ciudadanos, y eso se encuentra reflejado en esta propuesta de la Administración, que además de ser innovadora, permite tener certeza de cómo se encuentra la ciudad, cuáles son sus retos y cuál es el modelo de desarrollo.

 

A pesar de lo anterior, ha sido evidente que alrededor del proyecto de Acuerdo se han generado una serie de debates que buscan generar dudas en temas ambientales, de expansión, de renovación urbana, movilidad y participación ciudadana, entre otros. Dudas que fácilmente se derrumban con el análisis técnico y jurídico de la propuesta. 

 

Por ejemplo, los análisis realizados por la Regional al proyecto, junto con las mesas de trabajo y varios conversatorios desarrollados con la Administración, nos permiten tener tranquilidad de que la propuesta del POT ha sido formulada con la cartografía necesaria y con herramientas que proyectan las realidades del territorio y de la sociedad de manera más detallada y, por ende, más acorde a la realidad. 

 

Desde la Regional, continuando con el ejercicio de participación en representación de la actividad edificadora en la ciudad, radicamos el pasado 4 de septiembre ante el Concejo de Bogotá una nueva posición gremial. Documento de 25 páginas en el que reiteramos la importancia para la ciudad de que este POT sea aprobado y de no dejar el desarrollo a los lineamientos de una norma desactualizada. 

 

Dentro de las observaciones, destacamos que el proyecto radicado es una oportunidad para la actualización y simplificación de la norma, reconocemos aspectos como la definición de proyectos estratégicos, la búsqueda de mayor seguridad jurídica y la creación de una gerencia del POT que garantice el avance efectivo de las metas propuestas.

 

En materia de recomendaciones, sugerimos a los concejales definir términos concretos y entidades para las reglamentaciones pendientes, y en el régimen de transición, solicitamos se deje claro cuáles serán las disposiciones técnicas y las reglamentaciones que estarán vigentes hasta que se expidan los actos administrativos que actualizan, modifican o reglamentan las disposiciones en el instrumento de planeamiento. 

 

Es hora de que el desarrollo sostenible físico, social, ambiental y económico se logre con reglas claras y la seguridad jurídica que garantice su ejecución. Necesitamos normativas que permitan consolidar los proyectos en el largo plazo, sin condicionamiento de los gobiernos o los candidatos de turno.

 

La ciudad que construimos y queremos, debe asegurar y concretar un modelo que se proyecte en el tiempo y que responda a las necesidades de sus habitantes en lo referente a acceso a vivienda, movilidad, salud, educación, esparcimiento, tejido social, servicios públicos y ambientales en todo lo que implica una ciudad de calidad.

 

El reto es que todos nos pongamos de acuerdo en cómo lograrlo y demos la apuesta con voluntad por hacer que Bogotá siga ofreciendo soluciones y oportunidades de vida, tal y como lo viene haciendo en sus más de 480 años de historia.